En una tarde de verano de 1874, un joven Alexander Graham Bell se sentó en su mirador favorito en la granja familiar en Brantford, Ontario, contemplando el río Grand, y concibió la idea del teléfono. Dos años después, realizó la primera llamada telefónica de larga distancia del mundo entre Brantford y la cercana ciudad de Paris — no a través de un océano, sino a través del tranquilo campo canadiense que había restaurado su salud tras años de enfermedad. La Casa Bell es ahora un Sitio Histórico Nacional, que preserva tanto la modesta casa de campo familiar como la primera oficina de negocios telefónica de Canadá, que originalmente abrió en 1877 y fue posteriormente trasladada a la propiedad. Brantford se llama orgullosamente 'La Ciudad del Teléfono', y una constelación de monumentos y sitios patrimoniales dispersos por el centro de la ciudad rinde homenaje al invento que cambió la forma en que la humanidad se comunica. La granja en sí, a pocos minutos del centro de la ciudad, sigue siendo un lugar tranquilamente radical: el lugar donde un joven de 27 años miró un río y escuchó, en su mente, el sonido del futuro.