En la isla de Looe, una reserva natural marina frente a la costa sur de Cornualles, los huéspedes que pernoctan experimentan algo cada vez más raro: la auténtica soledad en un paisaje moldeado por siglos de contrabandistas, monjes y tormentas salvajes del Atlántico. Se llega en barco pesquero desde tierra firme y está gestionada por el Cornwall Wildlife Trust. La isla ofrece una cabaña de contrabandista donde los visitantes duermen rodeados únicamente de aves marinas, cormoranes de ojos esmeralda y una pareja de focas que se cortejan entre las olas al amanecer. El autor llegó en el románticamente llamado Night Riviera, el tren nocturno desde Londres, cargado de alimentos y ropa de cama para tres noches en una isla sin electricidad ni tiendas. Al amanecer del primer día, observando a dos focas entrelazarse en los bajos, todo el equipaje mental de la vida urbana se había disuelto. La isla de Looe es la prueba de que no hace falta volar a los trópicos para encontrar el paraíso.