En la isla de Arran, frente a la costa oeste de Escocia, cuatro enormes rocas de granito forman los restos de un círculo de piedras prehistórico de miles de años de antigüedad. La piedra suroeste presenta dos depresiones poco profundas en forma de copa unidas por un surco estrecho — marcas misteriosas cuyo propósito sigue siendo debatido por los arqueólogos. En 1861, una cista de piedra en el centro del círculo fue abierta, revelando tierra negra, fragmentos de huesos quemados e instrumentos de sílex, confirmando la profunda antigüedad del sitio. Una piedra periférica se alza a 24 metros al sur-sureste, probablemente parte de la alineación original. El monumento ocupa un tranquilo terreno que desmiente su enorme importancia arqueológica, ofreciendo a los visitantes un encuentro directo con el misterioso pasado neolítico de Escocia.