Servir la pinta perfecta de Guinness es una ciencia, y los mejores pubs irlandeses de Nueva York son laboratorios cubiertos de serrín donde el arte se ha perfeccionado durante décadas. Desde bares centenarios en el Bronx donde la stout llega en un vaso tan frío que se empaña al instante, hasta nuevos gastropubs en Brooklyn que marinan su Guinness con ostras y pan moreno, la relación de la ciudad con la exportación más famosa de Irlanda es profundamente tradicional y está en constante evolución. El icónico servido en dos partes — dejar que la stout repose antes de completar — separa a los pubs serios de los pretenciosos. Cada lugar recomendado tiene su propia atmósfera: algunos son estrepitosos en días de partido con hurling gaélico en las pantallas, otros son retiros vespertinos donde una sola pinta puede durar una hora de contemplación.