A apenas quince minutos de la ciudad de Turku se encuentra Ruissalo, una isla de bosques de robles ancestrales tan rebosante de hongos que un guía de forrajeo apenas puede dar diez pasos sin detenerse para identificar una nueva especie. El suroeste de Finlandia resulta ser la capital de los hongos del mundo nórdico — un hecho moldeado por su singular microclima marítimo, su extraordinaria diversidad de tipos de bosques caducifolios y boreales, y una tradición centenaria de recolección arraigada tanto en las costumbres franco-suecas como en las carelias. Los restaurantes con estrellas Michelin de Turku sirven rebozuelos silvestres y trompetas negras junto a menús degustación nórdicos, mientras que el mercado al aire libre de la ciudad es uno de los raros espacios finlandeses donde los propios recolectores venden directamente a los compradores. El chef y forrajeador Sami Tallberg — mitad mago, mitad espíritu del bosque — imparte cursos de recolección para principiantes desde su cabaña en el bosque. En Turku, el acto de salir a buscar la cena al bosque no es una afectación romántica, sino una tradición viva e ininterrumpida.