El cierre gubernamental en curso en EE.UU. amenaza la viabilidad de pequeños aeropuertos en todo el país, con agentes de la TSA trabajando sin cobrar durante más de un mes y reportándose enfermos en números crecientes. La Administración de Seguridad del Transporte ha advertido que la escasez de personal podría obligar a cerrar operaciones de control de seguridad en aeropuertos regionales más pequeños. Las filas de seguridad más largas ya aparecen en los grandes hubs mientras los agentes renuncian o se reportan enfermos. La crisis se produce en un momento en que la aviación estadounidense enfrenta múltiples presiones simultáneas: el aumento del combustible por el conflicto en Irán, el análisis continuo de la colisión aérea del 25 de enero en DC, y preocupaciones crecientes sobre la capacidad de supervisión de la FAA.