Desde el condado de Clare hasta el condado de Mayo, la salvaje costa atlántica del oeste de Irlanda asiste a un silencioso renacimiento, atraído por una nueva generación de posaderos, artistas y chefs que redefinen lo que significa desacelerar. Acantilados dramáticos, caminos de turbera vacíos y antiguos fuertes de piedra otorgan al paisaje una grandeza etérea, mientras que granjas restauradas acogen íntimos restaurantes que celebran las ostras locales, las algas y la ternera tradicional. La región ha atraído desde siempre a quienes buscan refugio del turismo de masas, pero últimamente jóvenes creativos llegan de Dublín y del extranjero para insuflar nueva vida a los pequeños pueblos. El oeste de Irlanda premia la paciencia y la presencia sobre todo lo demás.